Hola a todos! Llevo cuatro días que dan para escribir un libro… En este Duero que me va a matar, el que sí ha muerto ya “pa siempre” ha sido mi móvil, literalmente partido por una de esas coliflores de granito plantadas en los rápidos sin ton ni son. ¡Menudo galletazo! El móvil, mi zapper y yo volando sobre las rocas impulsados por la violencia de este río tan bello como salvaje. Llevo días incomunicado, sin posibilidad de escribiros. He vuelto a dormir en la ribera congelada; he vuelto a clavarme ramas, espinas, y todo lo que tenga punta y esté entre Salduero y Garray, que es dónde hoy recalo. Estoy reorganizando todo. Acabo de adquirir un nuevo teléfono, uno de verdad; espero que el martes a primera hora me llegue la carcasa submarina protectora, y mañana en Soria intentaré añadir memoria al disco duro de este ordenador, que tiene menos capacidades que yo distinguiendo las especies del río.

Así que me encuentro atrapado en el tiempo (eso sí, en el Hostal Goyo, en Garray, un sitio estupendo para hacerlo; en un pueblo castizo, amistoso, donde me tratan de maravilla, y muy cerca de Numancia. Ayer me llevó María José, la alcaldesa, y me encantó conocer su historia http://www.numanciasoria.es, y embeberme de ese espíritu indomable que se deja caer ladera abajo hasta las cornisas del pueblo. Atrapado estoy sin poder echarme al río de momento (lo que más deseo), como en el día de la marmota… Hablando de bichos, ¡he visto mis primeras nutrias! ¡Qué sensación! Pescaban (supongo, eh, le preguntaré a Luismi de Aquí la Tierra), asomando la cabeza y el lomo en contra de la corriente. Observándolas, he vuelto a sentirme como un niño descubriendo los encantos de las cosas. Lo notaréis en mi voz cuando veáis el vídeo resumen de la esta primera semana mañana o pasado. Estos días navegando, cuando el río parece ofrecerme solo disgustos en forma de rápidos asesinos, pinchazos o golpes, de pronto se vuelve un tipo sensible y dulce, y en cualquier lugar, a la salida de cualquier giro, inesperadamente, me regala el vuelo refulgente, a tiro de piedra, de unos hermosos patos salvajes; la arrancada de una cigüeña; la acechante presencia de una rapaz ahí cerquita… Naturaleza auténtica, sin estridencias ni aderezos, la vida tal cual es, así puedo disfrutarla estos días. Y cuando el milagro ocurre me olvido por un momento del sufrimiento que supone remar agotadoras jornadas de sol a sol a tres, dos, uno, ningún grado, o alguno que otro bajo cero; chocando tanto con ramas mochadas y maleza enmarañada sobre el cauce, como con grandes placas de hielo. Soria es fría, sí, y es hermosa. Es pura. Y, de momento, me deja estar vivo.  ?

Bueno, siento la demora en enseñaros cosas, pero el río tiene sus tiempos, y parece que a veces no coinciden con los míos. Me he conjurado, y a partir de este martes creo que os podré ilustrar mejor esta aventura siendo mucho más práctico: Facebook live cortos, videos de Instagram también cortitos desde lugares que a mí me parecen increíbles, y fotos siempre que tenga la oportunidad de colgarlas en internet. Lo bueno es que ya estamos organizados, y Carlos Caraglia http://visualizalo.com, ya está recibiendo casi 20 minutos de imágenes de esta primera semana de aventura (llevo seis días y me parece que llevo un mes), y mañana ya tendrá listo el vídeo resumen semanal. Tendremos un vídeo largo cada semana mostrando lo ocurrido en los seis días precedentes (ya sabéis, lo podréis ver aquí, en mi Facebook y mi Instagram además de en la web de Expansión Nauta 360 pero, además, nuestra manera de afrontar la difusión del proyecto, será también mostraros pequeños contenidos todos los días a partir de mañana o pasado (a modo de pildoritas) sacados de esos 20 minutos, y que él editará a diario. Os dejo un pequeño avance de algunas situaciones de estos 6 días en el Duero. Y fotitos. Muchas fotitos. Mañana más. Buenas noches. Abrigaos, eh, no os vayáis a constipar ? ¡¡Fuerza y honor!!

Un momento de tranquilidad en el cauce amable del río

Habitual: Zapper atrapada entre ramas mochadas, árboles medio caídos. Toca meterse en el río y levantar todo el equipo para seguir adelante…

Azud de Salduero. Precioso, sí, pero un buen empreño. Me pasé 20 minutos porteando el material y mi Zapper a través de la espesura. Una cosa estoy aprendiendo: cuánto menos material lleves en este tipo de aventuras, mejor.

Pequeño vivac entre Vilviesa y Langosto. Qué vidilla da el fuego en el invierno soriano, la madre…

El sol mañanero se cuela entre los hierros del puente viejo de Langosto. Los puentes tienen un encanto especial, y son el elemento más reconocible durante el trayecto. Conociendo las distancias entre ellos, ¿para qué un GPS?

Duero manso, en el lugar en el que aparecieron mis amigas las nutrias.

No, no soy Orellana, pero me hallo atrapado entre los brazos muertos del Duero, ¿por dónde tirar?, ahhh, cualquiera sabe. Fíate de tu intuición. Manda mucho.

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